La microbiota intestinal canina influye muy significativamente en el carácter y en el comportamiento de los perros. Existe una relación directa entre la salud de la flora intestinal y la regulación de emociones como la ansiedad, la agresividad o el estrés.
Las alteraciones nocivas en la microbiota se conocen como disbiosis. Este desequilibrio puede provocar comportamientos compulsivos, mientras que pienso que cuide su salud digestiva favorece un temperamento más estable.
El impacto de la microbiota en el comportamiento canino
El eje intestino-cerebro: conocido en inglés como “gut-brain axis”, esta conexión es como un sistema de comunicación bidireccional entre el tracto gastrointestinal y el sistema nervioso central, por eso se dice que el intestino es el “segundo cerebro”.
El tracto intestinal actúa como un reservorio de los componentes básicos de las moléculas cerebrales. En el intestino se encuentra la microbiota intestinal, un conjunto de bacterias que juegan un papel fundamental en la síntesis de muchos de los neurotransmisores (como la serotonina y la dopamina) se producen en el intestino, y otras moléculas que forman parte de la química cerebral.
Una microbiota saludable produce neurotransmisores que regulan el estado de ánimo, afectando, entre otros a las capacidades de socialización y de aprendizaje.
Un estudio reciente de Veterinary Sciencies https://www.mdpi.com/2306-7381/12/6/526, analizó la posible relación entre el comportamiento agresivo y la microbiota intestinal en perros de trabajo de diferentes razas.
Entre las conclusiones finales, los investigadores enfatizaron que “la microbiota intestinal puede contribuir a distintos tipos de comportamiento agresivo, y su modulación podría mitigar la agresividad”.