El labrador retriever, o “Lab”, está entre las cinco razas más populares y queridas en el mundo. La razón del entusiasmo que despierta es, sin duda, su carácter: excepcionalmente amable, paciente y sociable. Además, es una altamente inteligente y con gran disposición al entrenamiento.
Un físico robusto y un pelaje adaptado a la natación
El labrador es un perro de tamaño grande, con una constitución fuerte y compacta. Los machos suelen pesar entre 29 y 36 kg, y las hembras oscilan entre 25 y 32 kg.
Los tres colores admitidos por la Federación Cinológica Internacional son: totalmente negro, totalmente amarillo o totalmente hígado/chocolate. El color amarillo varía desde el crema claro al rojo del zorro.
Es un excepcional perro de agua: tiene un pelaje doble, corto y denso, diseñado específicamente para ser impermeable y protegerle del agua y del frío. Su suave subpelo retiene el calor corporal, mientras que la capa externa de pelo es rígida para repeler el agua, permitiéndole nadar en climas fríos sin mojarse la piel.
Su cola es muy característica, ya que es parecida a la de una nutria por su forma, y le permite usarla a modo de “timón” en el agua.
Obesidad: un riesgo para el bienestar del Labrador
En su origen esta raza, oriunda de Terranova, era un perro de trabajo que ayudaba a los pescadores a recuperar redes, cabos y peces en aguas frías, (de ahí su pasión por la natación). Más tarde, en Reino Unido, la raza fue evolucionando como perro de caza ("retriever" o cobrador de aves, especialmente en terrenos acuáticos).
Por tanto, el labrador es un perro de trabajo, que necesita actividad física diaria tanto para mantener su peso ideal como para evitar conductas destructivas causadas por el sedentarismo y el aburrimiento. Es esencial proporcionarle largos paseos, juegos de cobro con la pelota o un frisbee, o actividad natatoria para mantenerle saludable.
Por otra parte, el Labrador es mundialmente conocido por su apetito insaciable: siempre tiene hambre. Algunos expertos han relacionado esta sensación de no estar nunca saciado con una variación genética en el gen POMC (presente en el 23-25% de la raza).
Esta investigación se llevó a cabo en la Universidad de Cambridge (Inglaterra) y fue publicada en la revista Cell Metabolism.
Según este estudio, esta mutación obstaculiza la producción de una sustancia química en el cerebro cuya función es indicarle al cuerpo que ya no tenga hambre tras la comida, también se asocia a una reducción en su capacidad metabólica para quemar calorías en reposo.
Debido a esta predisposición genética al sobrepeso y a la obesidad, es importante que la familia controle estrictamente sus dosis de alimento y premios, y le ofrezca ejercicio regular.